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audioteca de escritores, bs as

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Julio Cortázar cuenta cómo se daba para él, el proceso creativo de un cuento y cuáles eran sus hábitos de escritura. Este video pertenece a TVE (Televisión Española).

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Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 17:01, Categoría: periodico
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agencia walsh. a 53 años del moncada

A 53 años del Moncada, a 47 años de la toma del poder, a los 80 años de Fidel Castro

 

 

(AW). Una nota de Sebastián Robles acerca de la situación en Cuba tras la operación a la que fue sometido Fidel Castro hace nueve días y la cesión temporaria del mando a su hermano Raúl.

 

(Sebastián Robles, 9/8/2006). Entre la senilidad de la revolución, la lucha fraccional y las perspectivas futuras.

 

Fidel a los 80: ¿Traerá su desaparición la continuidad, la reforma o la contra-revolución?

 

Las preguntas se las hacían todos los activistas de izquierda de Cuba y el mundo, pero solo algunos se atrevían a preguntarlo en voz alta. Es como si discutir la cuestión hubiera sido un secreto de estado o una discusión que solo podría darse entre aquellos que son hostiles a la revolución y desearían verla caer. Todo esto cambió cuando el 1ro de Agosto Carlos Valenciaga, secretario de Fidel, leyó una proclama de éste informando su enfermedad y depositando "temporariamente" casi todo el poder (fuerzas armadas, presidencia del Consejo de Estado y la titularidad del partido) en manos de su hermano Raúl Castro.

 

Esta es, sin embargo, una discusión de vital importancia para la izquierda, particularmente en Latinoamérica. ¿Qué pasará cuando Fidel, el líder indiscutido de la revolución cubana, muera? ¿Quién lo sucederá en la dirección definitiva del estado? ¿Qué rumbo tomará Cuba y la revolución con los sucesores de Castro? ¿Qué fracciones hay entre los dirigentes cubanos y como ven, cada una de ellas, la sucesión y el futuro de la Isla? ¿Cómo afectará el desenlace de estos acontecimientos en los procesos políticos de masas que ocurren en nuestro continente?

Carlos Lage, que venía actuando virtualmente como vice-presidente del país, y con gran ascendencia sobre la juventud, partes del ejército y la seguridad de estado, así como también entre sindicatos y otras organizaciones de masas, recibió en la proclamación de Fidel la responsabilidad de la política energética y compartir junto con Raúl Castro la responsabilidad de administrar el triunvirato de los fondos estatales, donde un tercer miembro se dice es cercano a Lage. Como veremos mas adelante, la posición de Lage es lejos de ser débil, ya que el sector energético se eleva hoy día como el más estratégico de Cuba.

 

Esto desmiente a gran parte de la izquierda continental que se niega a discutir o ver diferencias en el proceso de sucesión a Fidel en el poder, que no se plantea una discusión sobre el mero hecho de que el poder este concentrado de tal forma en una sociedad como la cubana, o que se conviertan en simples repetidores de la propaganda del gobierno Cubano sin cuestionar para nada lo que sucede. Estos es la negación absoluta del internacionalismo. Nosotros hacemos esa discusión y planteamos que debería ser la propia dirección cubana quien debería estar a la vanguardia del debate internacional.

 

Las tres primeras cuestiones en disputa

Tres días después del traspaso del poder a Raúl Castro, este todavía no había podido aparecer públicamente debido a lo que se dijo fueron "cortocircuitos" con dirigentes de la UJC (Unión de Juventudes Comunistas) y los editores y periodistas de la mayor parte de los órganos de difusión del estado que exigen algo mas que una "proclama" de Fidel para movilizar y propagandizar al nuevo hombre en el poder.

 

La polémica en el Buró Político del PCC se centra en varios aspectos que los partidarios de Raúl Castro claman son formalismos.

 

En el último congreso del partido se aprobó una enmienda por la cual, si Fidel muriera (o no pudiera ejercer sus poderes en forma permanente), sus responsabilidades irían automáticamente a manos del 2do Secretario político y Vicepresidente del Consejo de Estado, Raúl Castro por seis meses, luego de los cuales debería confirmarlo en ese cargo una reunión del Comité Central del partido.

 

Según algunos miembros del Buró Político esta cláusula solo se dispararía en caso de muerte de Fidel, no por una intervención quirúrgica y un tiempo de reposo como lo anunciado. En este caso, la distribución de las tareas en forma temporaria debería hacerse por aprobación mayoritaria del Consejo de Estado y el parlamento.

Ricardo Alarcón dijo algo respecto al tema que los partidarios de Raúl Castro interpretaron como táctica dilatoria. Alarcón dijo que las medidas de la "proclama" debían ser ratificadas por el parlamento "cosa que sin duda hará". Pero no fijó fecha para la reunión en que el parlamento lo haría.

 

La segunda disputa es que dirigentes claves de la UJC, periodistas de rango y algunos ministros desean tener una entrevista con Fidel para ratificar las medidas anunciadas y "conversar" sobre ellas. Un eufemismo que indicaría el desacuerdo al menos de algunos de ellos. La UJC y los medios de difusión son clave para la movilización del pueblo por lo que la presentación pública del nuevo Comandante en Jefe fue postergada dos veces. Resultado: Raúl Castro, a tres días de haber sido "nombrado" en sus cargos, aun no ha hecho acto de presencia frente a las masas.

 

Ricardo Alarcón dió una entrevista el 2 de Agosto a un programa radial de liberales pro-Fidel en EEUU ("Democracy Now") donde dijo que el se había entrevistado durante media hora con Fidel antes que su "proclama" fuera leída en la TV. Esto parecería indicar que la dirección cubana quiere calmar los ánimos de los sectores dentro de la propia Cuba que exigen la presencia física de Fidel para que ratifique su delegación y para poder plantearle, a su vez, sus posiciones.

 

Un argumento que recorre los corrillos de todos los ministerios y reuniones en Cuba afirma que "si Castro pudo presentarse con un brazo y una rodilla rotos hace un tiempo ¿Por qué no puede hacerlo hoy día?" y "Si pudo reunirse con Alarcón durante media hora antes del anuncio ¿Por qué no puede hacerlo por televisión por el mismo lapso o reunirse con los dirigentes que hacen de una tal entrevista una necesidad política?", "si pudo escribir, como afirma Raúl Castro y afirmó Valenciaga en la televisión, de su propio puño y letra una proclama y enviar otra nota a un programa de televisión, porque nadie pudo entrevistarlo hasta ahora para darle veracidad a los hechos y decisiones?"

 

La tercera disputa parece indicar que Carlos Lage aspira también a la jefatura del país. Aunque algunas fuentes habrían indicado que Ricardo Alarcón también estaría compitiendo por los cargos, otras manifestaron que apoyaría abiertamente a uno de los otros dos contendientes. La presión de Raúl Castro sobre Alarcón para que este convoque al parlamento y apruebe sin mas la "proclama de Fidel" y la demora en realizar la tarea parecería indicar que Alarcón al menos centrea sobre la perspectiva. El que haya salido públicamente a "justificar" en una entrevista que él se reunió con Fidel antes de que se diera a conocer la proclama, parecería que juega a las dos puntas.

 

Raúl Castro, que en los 80s militara en la fracción "ortodoxa" y pro-soviética del partido y gobierno cubano, se pasó con armas, bagajes y sus estructuras al ala "China" del estado cubano, es decir la de aquellos que quieren una restauración progresiva de las leyes del mercado y los capitales extranjeros pero manteniendo, como hace el PC Chino, la autoridad del partido a sangre y fuego. La socialdemocracia europea favorecería, como lo expresaran públicamente algunos grupos comerciales de aquel continente con intereses en Cuba, así como también algunos personajes influyentes del Partido Demócrata de EEUU, esta salida a la "China".

 

Se le oponen a esta tendencia un conglomerado de personajes, casi todos jóvenes, nacidos después del triunfo de la revolución, pero con notable influencia política en el estado, las juventudes, los sindicatos y la seguridad del estado que ven un curso futuro de Cuba mas independiente – o menos dependiente – de Europa, así como la preservación de las bases originales de la revolución cubana y el re-animamiento de los contactos internacionales en vistas a reorganizar algún tipo de movimiento a la izquierda de la socialdemocracia internacional. Lage, por estas posiciones, ha sido repetidamente tildado de "trotskista".

 

Esta última "tendencia" vería en Lage su adalid. Fidel, se ha dicho, navega entre dos aguas en relación a esta discusión y mientras estuvo a cargo de todas las palancas del estado buscó un equilibrio entre ambas fuerzas. Ese equilibrio se ha roto según con quien se hable o porque Fidel ve a la tendencia "China" como más realista o porque todavía pesan los pocos años de los dirigentes de la otra. A menudo le endilgan a Lage, aun hoy, la caída del Ministro de Relaciones Exteriores Robaina, sacudido por un escándalo por "abuso de poder" que terminó con el dirigente despojado de todos sus cargos y la membresía en el partido aunque no se le acusó formalmente de ningún crimen concreto. Robaina había sido un protegido de Lage y amigo desde sus tiempos en la UJC.

 

Esta discusión es de vital importancia para los socialistas de todo el continente y el mundo ya que de cómo se desenvuelva la situación de una Cuba sin Fidel depende, en gran medida, la sobrevivencia del único estado obrero del continente. El impacto de cambios profundos en Cuba tendrán una gran influencia en lo que suceda en nuestro continente. Solo basta recordar como afectó al movimiento de masas internacional la caída de la Unión Soviética y como ello facilitó, por una década, al imperialismo.

 

El imperialismo y la reacción gusana en Miami también están interesados en la discusión pero no para resolverla a favor de la clase trabajadora sino para que sirvan a sus intereses: acelerar la restauración capitalista en la isla y probarle a los trabajadores que luchan de todo el mundo que toda resistencia es inútil. Afortunadamente, estos planes chocan con dos realidades cubanas:

 

1. Ninguna de las dos fracciones mayores del estado y gobierno cubanos tiene ni remotamente la propuesta de volver atrás en las conquistas que aun permanecen del periodo de ímpetu de la revolución.

 

2. La corriente "Gorbachovista" del PCC y el gobierno cubano – que en algún momento fue mayoría en los 80s – se desmoronó cuando la aplicación práctica de esa política significó el desmoronamiento de la Unión Soviética y el Este Europeo o lo que los cubanos llaman "el colapso del campo socialista." Nadie en su sano juicio en Cuba quiere pasar por los horrores que significaron política, social y económicamente para los rusos, el proceso de transición hacia el capitalismo.

 

EEUU incluso ha decidido invertir cientos de millones dólares (públicamente han informado de un fondo de $80 millones que no incluye las operaciones encubiertas o el financiamiento de emisoras como Radio Martí) en un proyecto oficial para influir sobre el futuro de Cuba y asegurarse una sucesión a Castro que le facilite sus planes.

Mientras los sectores gusanos mas derechistas de Miami han llamado a un ilusorio "levantamiento cívico-militar" contra el régimen de Cuba otros, los llamados "dialogueros", coinciden con la mayor parte de la prensa norteamericana y un sector de liberales y aun de conservadores de derecha que plantean "no poner en un mismo saco a Fidel y Raúl, levantar el embargo que se ha vuelto contraproducente y sostener una política cuidadosa en relación a la extrema derecha del exilio."

 

El gobernador de Florida, Jeb Bush, ha anunciado, reflejando esta política de discusión del imperialismo sobre que hacer, que "se evitaran los cruces del estrecho de y para Cuba". La Guardia Costera norteamericana y el Department of Homeland Security (Departamento de Seguridad de la Patria) de EEUU han anunciado medidas concretas para poner ciertos límites a las actividades de la extrema derecha del exilio cubano, al menos hasta que la situación y la política del imperialismo se clarifiquen.

 

Una discusión que la dirección Cubana no quiere hacer públicamente

 

Por supuesto que la dirección Cubana, comenzando por el propio Fidel, el Consejo de Estado, el Partido Comunista Cubano deberían ser los que promovieran esta discusión, de manera amplia y pública, e internacionalmente.

 

No lo hacen respondiendo a su carácter burocrático y al temor que una discusión tal desate un fenómeno incontrolable como lo fue el despegue de la "Perestroika" Y "Glasnost", iniciado por Gorbachev en la Unión Soviética quien perdió el control de la situación y terminó en la caída del estado obrero soviético y el Este de Europa.

 

Fidel Castro en persona se ha ocupado de prevenir una discusión demasiado pública sobre el asunto. Lo hizo en el pasado a través de bromas y chistes, asegurándoles a "los pequeños vecinos del norte" que "no llegaré a los 100 en el poder". Para rematar, en una carta dirigida al pueblo cubano y a los simpatizantes de la revolución alrededor del mundo, Fidel también habría escrito que la cuestión de su salud, y el anuncio de un agravamiento o mejoría constituía, debido a las acechanzas del imperialismo norteamericano, "un secreto de estado". Castro comete un error garrafal, si en realidad esa es su posición, porque en estos momentos el silencio, el sigilo y el secreto son las armas mas potentes con las que cuenta la contrarrevolución y la Casa Blanca.

 

Otros han sido mas directos, como su hermano de 75, Raúl Castro quien ha dicho que "solo el Partido Comunista -- como la institución que reúne a la vanguardia revolucionaria y siempre garantizara la unidad de los Cubanos – puede ser el único heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder", que significa traducido a la realidad política que serán las fuerzas armadas, quienes controlan el partido, quienes decidirán. Raúl Castro dirige el ejército.

Lage, aparentemente Alarcón, la UJC y muchos otros ministros y dirigentes jóvenes del estado, gobierno y el propio partido opinan que el reemplazo de Fidel debe ser una cuestión decidida por el estado y el gobierno y solo secundariamente por el partido. Obviamente porque ellos se sienten fuertes en esos sectores y porque de hecho saben que el partido, los míticos CDRs, incluso los sindicatos y asociaciones profesionales, tienen poco poder de convocatoria y son organismos despojados de toda capacidad de procesar una discusión publica.

 

La dirección cubana se eleva a la superestructura

 

Castro ha desechado hace tiempo las relaciones internacionales a partir de contactos con partidos de izquierda o comunistas. Aunque mantenga con ellos reuniones y los reciba en La Habana, Fidel ha privilegiado las relaciones políticas con los gobiernos de Europa, Latinoamérica y sus contactos con dirigentes del Partido Demócrata de EEUU.

 

Esa política internacional no es sino el reflejo de su política doméstica donde el PCC ya no cumple sino tareas formales y organiza mítines (mayormente organizados por su ala juvenil, la UJC), pero como la Asamblea Nacional por el Poder Popular o parlamento unicameral de Cuba, sus funciones son cosméticas al régimen en términos de discusiones y de diseño de políticas.

 

En el plano internacional Fidel lidia con líderes y presidentes – esa es su fuente fundamental de influencia, intercambios, negocios, apoyos y discusión – y dentro de Cuba con la elite del régimen, concentrada en el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y sus organismos adláteres que han desplazado al PCC y el parlamento. Las apariciones en el parlamento de Fidel, Raúl y otros dirigentes, han sido siempre utilizadas como una tribuna para comunicar y autenticar decisiones tomadas en otros ámbitos. Dentro de esa élite se toleran los alineamientos tendenciales informales y los que sostienen una u otra línea de sucesión. De allí para abajo se deja la suposición, la adivinanza, el rumor, y la acción de los organismos estatales centralizados.

 

Basado en la información anecdótica, el intercambio de comunicaciones entre dirigentes cubanos y revolucionarios de otros países – y dirigentes del entorno de aliados de Cuba como los cuadros alrededor de Chávez, Evo Morales y los Sandinistas de Nicaragua, algunos documentos que se han filtrado al exterior, el estudio de las perspectivas aparecidas en los medios de prensa cubano y lo que los gobernantes del régimen dicen públicamente, es posible determinar al menos algunas de las discusiones entre las tres fracciones principales representadas en el gobierno y estado cubanos.

 

Fidel se ha ocupado varias veces en el pasado de nombrar a su hermano Raúl como su heredero – pero algunos objetan esta designación diciendo que ha caído en desuso y tiene más de solidaridad y confianza personal que una decisión tomada del líder para su reemplazo. De hecho, dicen estos críticos, la "proclama" de Fidel solo le da a Raúl dos terceras partes del poder, destinando el otro tercio a Lage y lo hace "temporariamente". Es decir, para "probar" o "ensayar" una sucesión y ver el grado de conflicto que eso genere en el estado, el gobierno, el partido y en el pueblo cubano, además de las reacciones que cause internacionalmente.

 

Raúl Castro, por su lado, le ha advertido públicamente a los EEUU con anterioridad que sería mejor que comenzara sus negociaciones sobre el futuro de Cuba sin Fidel que cuando esté él aun vivo. Esto no ha sucedido y es incompresible que lo sea, ya que toda negociación con el imperialismo a este respecto revelaría la debilidad del régimen de Castro que se sostiene, capeando crisis tras crisis, sostenido en gran medida por su popularidad entre los partidarios de la revolución y el respeto que se granjeó entre sus adversarios y opositores. En cuanto al imperialismo, sobre todo en manos de la derecha Bushista, está ideológicamente atrapado en un anti-Castrismo que se relaciona tanto a la ideología de los de la Casa Blanca como a cuestiones críticas de política doméstica.

Jeb Bush, el hermano del presidente, es el gobernador de Florida y fue en Florida precisamente donde se centró la lucha política, y el fraude electoral, que le dió a Bush la victoria sobre Al Gore. Todavía están frescas las movilizaciones de gusanos cubanos y centroamericanos a favor del ascenso del por entonces candidato Republicano.

 

La aseveración de Raúl Castro sería también un reconocimiento elíptico a la fuerza de la oposición con el estado bajo su mano, para tomar medidas pragmáticas de apaciguamiento del imperialismo norteamericano y de fortalecimiento de las relaciones con la socialdemocracia europea. Que este inmiscuirse de la socialdemocracia europea existe se demuestra por dos elementos vitales: las inversiones europeas en Cuba y el hecho de que las dirigencias mas serviles de la dirección cubana en Latinoamérica, sectores importantes del FMLN salvadoreño y el FSLN nicaragüense, así como los seguidores de los cubanos en México y otros países ya son parte integral y secciones de la socialdemocracia.

 

"Ninguno de ellos lo habría hecho" – dicen a menudo cuadros del PCC – "sin la consulta con y aprobación de Cuba, es decir, con Fidel".

 

Las etapas de la revolución Cubana

 

Las revoluciones, como todo, avanzan, retroceden o mueren y los estancamientos son solo condiciones temporarias que preceden o suceden a cambios sustanciales.

La revolución cubana ha pasado, en su medio siglo de existencia por varios estadios. El ímpetu revolucionario de los primeros años se convirtió en solidez a partir de la derrota de la invasión programada por EEUU en la Bahía Cochinos y la superación de la crisis de los misiles (una derrota para la Unión Soviética, un avance para los cubanos que obtuvieron la promesa del imperialismo de no invadir Cuba a cambio del retiro del armamento intercontinental soviético), el apoyo internacional de masas a la revolución y los procesos políticos generalmente favorables a Cuba de los 60s y principios de los 70s.

A esta etapa de ímpetu revolucionaria correspondieron también las medidas mas progresivas de la revolución – propiedad colectiva de la tierra, eliminación de la renta urbana, los grandes planes de salud, educación y vivienda para la población – pero también la consolidación de una economía dependiente del monocultivo (azúcar y en mucha menor medida el tabaco) y de la ayuda y los subsidios proporcionados por la Unión Soviética.

Si bien la salida del Che de Cuba y su asesinato en Bolivia por tropas entrenadas por los EEUU fue desde un punto de vista un fracaso cubano, una derrota, el prestigio cobrado por la figura del Che a partir de su muerte le dieron a Cuba una dosis extraordinaria de popularidad.

 

Aquí es de notar que las diferencias políticas que sostenía el Che con la dirección cubana que lo llevaron al alejamiento hacia Bolivia incluso jugaron a favor de esta luego de su muerte. Ese prestigio – mas allá de las razones políticas que lo motivaron – se ensanchó en los 70s con la intervención Cubana en África, particularmente en Angola (también en Etiopía), donde Cuba manifestó – luego del fracaso de la derrota del foquismo – el "internacionalismo" militar bajo los auspicios de la Unión Soviética. Pero ambos experimentos – que fueron opuestos en la práctica militar por los EEUU, Sudáfrica y China – terminaron en derrotas y el retiro de las tropas cubanas. Estas retiradas marcaron el comienzo de un retroceso de la revolución.

 

La ayuda soviética no era gratuita, Cuba debía servirle a la URSS en su política exterior, tiñendo a la burocracia del Kremlin con el prestigio de la revolución caribeña.

 

Castro cometió entonces algunos de sus peores errores a finales de los 70 y principios de los 80s: aconsejar a los revolucionarios chilenos la "vía pacífica" al socialismo que terminó en la dictadura pinochetista; la política cubana en Centroamérica que impidió el desarrollo de la revolución primero y luego determinaron el fracaso en Nicaragua, El Salvador y Guatemala y su alianza económica con el PRI en México que lo llevo a abandonar los movimientos revolucionarios en ese país.

 

 

"El Periodo Especial": el colapso del modelo soviético

 

Ese fue el comienzo de una decadencia política sostenida del proceso cubano. Ese retroceso se convirtió en desastre con la caída de la Unión Soviética, el fin de los subsidios a su economía, el colapso de sus alianzas militares, las derrotas a manos de la reacción en México, Centroamérica y el Cono Sur que se pobló de dictaduras militares o gobiernos reaccionarios.

 

La década del 90, que trajo la reacción mundial, el imperio del capitalismo más salvaje, se representó en diferentes países con diferentes matices y formas. Los triunfos de las derechas en Europa y EEUU, el Menemato en la Argentina, el gobierno de Fox en México, la derecha gobernando por doquier, aislando al movimiento de masas. En Cuba, esa reacción se manifestó con el colapso del modelo económico de la revolución y la crisis social.

 

En la primavera de 1980 esa crisis del modelo cubano tendría una advertencia, un adelanto de su futuro en los 90s, que podría haber sido fatal. Cientos de miles de cubanos se amotinaron en diversos barrios de la capital, La Habana, en una verdadera ola insurreccional.

 

Reclamaban la reforma estructural del régimen y pre-anunciaban la crisis económica-social de los 90s, aunque mayormente se expresara en una ola de gigantesca frustración con el gobierno. Solo la intervención personal de Castro – que se presentó incluso a discutir con los insurrectos – y la apertura del éxodo masivo como válvula de escape de los que después serían llamados Marielitos (por su puerto de embarque en Mariel), permitieron al régimen capear la crisis.

 

Eso y que el ímpetu de la economía y las ganancias sociales de la revolución aun le permitían cierto juego en el manejo de la situación, junto a medidas represivas selectivas, permitió al régimen desandar lo que podría haber sido una crisis terminal. Mas de 250.000 cubanos abandonaron la isla en busca de la "tierra prometida" en Miami, solo para encontrarse, mayormente, con la discriminación de sus antecesores gusanos y campos de concentración del Servicio de Inmigración de los EEUU.

 

Otras decenas de miles le siguieron y terminaron engrosando la enorme comunidad Cubana en el exilio que representa hoy mas del 20% del total de la población de la Isla, que el ultimo censo pone en alrededor de 11 millones. Por supuesto, no es el país de Latinoamérica que tiene mas exiliados e inmigrantes pero no se supone que lo sea, allí ha habido una revolución y los que lo superan en cantidad son países donde el capitalismo es mas salvaje.

 

La etapa de la senilidad revolucionaria

 

En los 90s, arrasados por la crisis económica, aislados por la reacción mundial y cercados por sus propios errores, la revolución Cubana entró en su fase senil, en donde se tejieron compromisos de subsistencia económica con el capitalismo internacional, particularmente europeo y luego con el chino y se abandonaron todas las iniciativas internas de "reforma" y de "internacionalismo" hacia fuera del país.

Esta situación se vio agravada por la existencia en Cuba de instituciones y mecanismos burocráticos copiados de la Unión Soviética y los países del Este de Europa que no hicieron sino reproducir los mecanismos rígidos de estos países ante los problemas políticos y sociales.

 

La iniciativa se había perdido y el proceso revolucionario estaba exhausto, sangrante de la herida del monocultivo en crisis, arrastrando tras de si el cadáver de un estado burocratizado, corrupto en algunos segmentos e incapaz de solucionar ni siquiera las promesas básicas de la revolución de 1959.

 

El régimen apeló a las medidas mas estrictas para sobrellevar la catástrofe del "Periodo Especial" y se lanzó a una carrera de sobrevivencia que combinó el mantenimiento del orden – en 1992, 1993 y 1994 se dieron corridas de "balseros" que abandonaron la isla, pero esta vez el gobierno, previéndolo, tuvo la política de dejar hacer y no oponerse para evitar otro "Mariel."

 

En el orden económico, y dirigido este por Lage, Cuba se lanzó a una apertura agresiva de sus playas y centros turísticos al capital extranjero, particularmente europeo, pero también chino.

 

Así como en el orden interno el régimen privilegió las relaciones con las empresas de turismo y hotelería mundiales e hizo del turismo caro, exótico y de baja calidad al que Fidel llamó "la nueva locomotora de la economía cubana", el país se asentó sobre una base social que comenzó a cambiar rápidamente.

 

Las diferenciaciones sociales, que nunca desparecieron en la Cuba post revolucionaria pero se habían amenguado notablemente, volvieron a crecer vertiginosamente. Los empleados de la hotelería, con acceso a dólares, comenzaron a disputar a los funcionarios del partido sus privilegios o, mejor dicho, a compartir algunos de ellos.

Actualmente, miles y miles de profesionales formados para ser médicos, ingenieros o arquitectos se desempeñan como camareros, guías y guardias de seguridad de los hoteles.

 

Cuba tuvo que admitir la circulación de tres tipos de cambio y dos monedas nacionales diferentes, además del dólar, para acomodar esta nueva clase media emergente y dar, a cada estamento social, su propia moneda de desempeño. Los empleados de las zonas turísticas comenzaron a superar en ingresos al otro sector relativamente privilegiado: los profesionales de la salud que trabajan en clínicas y hospitales que sirven al comercio exterior cubano que también se intensificó para procurar divisas fuertes.

 

Por otro lado, los negocios del turismo también trajeron aparejados los negocios a la sombra de las multinacionales explotados por cubanos que pusieron restaurantes, compañías de transporte y entretenimiento para solaz de los turistas o servir a las necesidades de los crecientes números de extranjeros que venían a la Isla por tratamientos médicos. Estos sectores son hoy similares a los viejos "Kulaks" que se formaron de la mano de la NEP durante el régimen Estalinista de los 30s.

 

La sociedad se vio  también conmovida por la aparición sin mucho control de la prostitución, las drogas, el mercado negro y la corrupción que se crearon en los callejones de la economía de los centros turísticos. El lumpenismo creció vertiginosamente al mismo tiempo que la clase obrera industrial se encogió con el cierre de industrias, molinos, procesadoras e ingenios azucareros.

 

En el otro extremo de la escala social cubana, la enorme mayoría de los cubanos no tenia acceso a los dólares, ganaban salarios que rondaban los $100 – 130 dólares por mes y se les empieza a negar o retacear el acceso a los bienes de cambio introducidos a la isla con la avalancha de turistas extranjeros y pacientes de lujo de todo el mundo que concurren a los sanatorios y clínicas del país.

 

Los subsidios de comidas, vivienda, educación y salud al conjunto de la población sufrieron enormemente. La crisis económica obligó al gobierno a reducir a una fracción el número de alimentos y útiles racionados anteriormente; la infraestructura de escuelas y edificios públicos se deterioraron; los cubanos comenzaron a sentir el "desabastecimiento". La ausencia de planes masivos de viviendas convirtió a las viviendas entregadas en usufructo a los trabajadores después de la revolución en verdaderos conventillos a medida que las familias crecían, se formaban nuevas parejas y familias y las casas se dividían y sub-dividían para acomodar a todos.

 

 

Las tres fracciones del Fidelismo

 

Cuba, Fidel y el régimen prácticamente perdieron toda iniciativa política internacional durante esta década, dedicándose exclusivamente a salvar lo que se pudiese del estatus quo. A fines de los 80s existían tres fracciones bien diferenciadas en el aparato del Estado y entre los cuadros dirigentes de la revolución.

 

Una mayoría "Gorbachovista" que vieron en las reformas del líder ruso una salida viable a la crisis y una continuidad del status quo.

 

Antes de la caída de la Unión Soviética y el Este de Europa, esta fracción contaba con la simpatía de la mayoría de la elite gobernante en la isla. A ella se enfrentaban una que sostenía la "salida china" a la crisis, es decir una combinación de tolerancia cero para la disidencia por fuera del PCC y una apertura controlada a los capitales multinacionales, además de una transformación social lenta del estado obrero hacia formas de diferenciación social.

 

Esta última era todavía una fracción minúscula. Los reflejos de seguir un camino independiente de la Unión Soviética se habían perdido y el Gorbachovismo aparecía como el salvador reformista del estalinismo.

 

Entre ambas fracciones, funcionaba una tercera, "ortodoxa", para cuyos dirigentes – incluido Raúl Castro – no debía haber ningún cambio y las circunstancias económicas sociales de crisis eran un fenómeno pasajero. Esta fracción anidaba fundamentalmente en las Fuerzas Armadas, mas específicamente en sus cuadros jerárquicos superiores, y en algunas secciones de la seguridad del estado.

 

Los "chinos" – que poco y nada tienen que ver con el Maoísmo clásico – finalmente pasaron a ser una fracción casi dominante en las esferas de poder cubano cuando la catástrofe social que se desató en la Rusia post-soviética, amedrentó a los "gorbachovistas" que se replegaron aterrorizados ante las consecuencias de la contrarrevolución en la "Patria del Socialismo" y se replegaron en masa a la "salida china". Muchos "ortodoxos" cambiaron de bando también porque veían en la alternativa de la "salida china" una resolución pragmática a los problemas de "seguridad" desatados, según ellos, por las "reformas" de Gorbachov.

 

Los realineamientos tuvieron que ver con la realidad política cambiante después del colapso de lo que los cubanos llaman el "campo socialista". Pero fue enormemente facilitado por el hecho de que ninguna de las tres fracciones desafiaba el poder y la popularidad de Fidel. Las tres sostenían que la presencia del líder era la máxima, y tal vez única, garantía de relativa estabilidad.

 

 

¿En presencia de un renacer económico y político cubano?

 

Fidel, la revolución cubana y su economía parecen sin embargo dirigirse hacia una potencial salida positiva. Por un lado, la política económica pragmática y pro-capitalista – con la que tuvo que ver mucho Carlos Lager – ayudo a sostener a Cuba a flote y el turismo – alimentado por masas de socialdemócratas europeos y norteamericanos y turistas de Latinoamérica – parecen funcionar por lo menos a un nivel sustentable.

 

A eso se agregaron los enormes proyectos de construcción – viviendas y hoteles mayormente – que se hacen con inversiones provenientes de Europa y China, pero también de otros países como Canadá.

 

No hay que despreciar el esfuerzo industrial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias comandadas por Raúl Castro que, hoy por hoy, dirigen cerca de la mitad de la economía Cubana y de las empresas del estado, incluyendo ahora – después que Lage fue desplazado de la misma – gran parte del turismo.

 

La infraestructura del turismo y la construcción, sin embargo, no son ni eran suficientes para avanzar en nuevas conquistas para los trabajadores y campesinos cubanos, ni siquiera para regresar a los niveles anteriores al "Periodo Especial".

 

Entonces las condiciones políticas del continente Latinoamericano comenzaron a cambiar favorablemente para el régimen Castrista. Brasil, Argentina, Venezuela primero y luego Bolivia comenzaron a resurgir económicamente después de la crisis de los 90s y la situación de esos países, empujadas por la lucha de los trabajadores, campesinos, pueblos originarios y jóvenes cambio, poniendo en el poder a fuerzas burguesas y pequeño burguesas que no son hostiles a Cuba.

 

Chávez de Venezuela, mayormente, se transformó en un aliado estratégico de Fidel extendiéndole un certificado de sobrevivencia en la forma de petróleo subsidiado a un tercio del valor internacional (cuando el precio internacional ronda los $80 por barril, Cuba se lo paga a Venezuela a $25) y créditos baratos, así como asistencia en la renovación de infraestructura critica para Cuba.

 

Brasil y Argentina, y en general el MERCOSUR, han incrementado por tres el intercambio comercial con la Isla y las multinacionales que residen en esa región han incrementado sus negocios e inversiones en la patria de Fidel. De la mano de Chávez, Cuba está ahora ingresando a la alianza regional.

 

Un hecho, sin embargo, vino a ayudar en ese proceso y a magnificarlo. El descubrimiento de una gran reserva petrolera entre Cuba y Estados Unidos (más cerca de Cuba).

 

Cuba ha estado a la búsqueda de petróleo, no siempre con éxito, durante décadas. Con ayuda soviética descubrió en 1971 el pozo de petróleo de Varadero, a ocho kilómetros de la costa Cubana, que hoy produce unos 75.000 barriles diarios o 40% del total de la producción del país. La calidad del petróleo, sin embargo, es mala, pesada y agria.

En julio del 2004, hubo un gran golpe de suerte. La compañía española Repsol-YPF, en sociedad con la compañía petrolera estatal, CUPET, identificó reservas de petróleo de "alta calidad" en aguas profundas de los Estrechos de Florida, 30 kilómetros al Noroeste de La Habana.

 

Siete meses después, un informe del US Geological Survey lo confirmó. Con fotografías especiales satelitales afirmó que el yacimiento tenía entre 4.500 y 9.300 millones de barriles de crudo y de 9.8 trillones a 21.8 trillones de pies cúbicos de gas natural.

 

De inmediato Cuba dividió el área de más de 100.000 kilómetros cuadrados en 59 áreas de exploración y llamó a las compañías multinacionales petroleras a explotar en sociedad con el gobierno cubano estas inmensas reservas.

Compañías petroleras de China y Canadá se sumaron así a Repsol-YPF que a su vez formó una sociedad con la compañía India de petróleo y la Norks Hydro ASA de Noruega para explotar el petróleo y gas hallado en 6 de las 59 áreas de aguas profundas a lo largo de la costa de Cuba.

 

La compañía canadiense Sherrit International Corp a su vez, se hizo cargo de 4 de las áreas y Venezuela está a punto de concretar lo que sería – después de sus proyectos de la Cuenca del Orinoco – la mayor empresa nueva de extracción petrolera y gas de ese país.

 

Junto a estas perspectivas, una docena de países de Europa y Latinoamérica, notablemente Venezuela, están realizando acuerdos para construir la infraestructura necesaria para la explotación del petróleo y gas natural cubano.

Esto le ofrecería a Cuba una nueva oportunidad de un salto adelante en el aspecto económico y la posibilidad de diversificar su base industrial y productiva. Una nueva oportunidad para el régimen Cubano y su gobierno de recuperar la iniciativa y renovar – abandonando la senilidad en la que había caído.

 

El nuevo ímpetu revolucionario podría darse a condición, claro esta, de que el régimen y gobierno cubanos rectificaran profundamente su alineamiento internacional procurando promover y aliarse con los procesos revolucionarios, re-creando nuevas formas de internacionalismo y atacando de lleno los problemas sociales y económicos que pesan sobre el pueblo cubano.

 

De la misma forma, Cuba debería abordar de inmediato una verdadera revolución política, es decir el mantenimiento de sus estructuras de estado obrero, acompañadas por una activación del potencial revolucionario y movilización de sus propias masas obreras y campesinas y un llamado a la solidaridad con las masas en lucha del mundo, en primer lugar de Latinoamérica.

 

El pueblo cubano, para acompañar y fortalecer un tal proceso, debería controlar el nuevo bastión económico energético y las fuentes industriales creadas a su alrededor, así como recuperar el control de sus industrias actuales como el turismo y la construcción. Ello podría lograrse a partir de su movilización y la creación de instituciones obreras democráticas. Todo improbable bajo la dirección de Fidel o la de muchos de los que aspiran a sucederlo.

 

La lucha fraccional contemporánea

 

Hoy esas fracciones de finales de los 80s y principios de los 90s son irreconocibles y otras, basadas casi exclusivamente en la línea de sucesión a Fidel Castro las han reemplazado. Esto no quiere decir, sin embargo, que las que existen hoy día no sean fracciones con programas u objetivos, sino más bien que estos se corporizan en los candidatos a jefe de estado.

 

En los 90s, la economía cubana colapsó debido a la caída de la Unión Soviética y sus subsidios e intercambio. La crisis social y económica fue tremenda y el régimen adoptó medidas de emergencia. Este periodo se conoció como "Periodo Especial) donde el control partidario se hizo primero extremo, luego este mismo fue eliminado a favor del control estatal por una élite por encima de las instituciones como el propio partido, el parlamento, los sindicatos y los CDRs.

 

Todas las instituciones de masas fueron prácticamente convertidas en sellos de goma, se reestructuró la economía centrándose en el turismo y las ciencias médicas para exportación y se abrió el país para inversiones extranjeras, particularmente europeas y chinas.

 

En el plano político se clausuró la etapa, iniciada en 1974 en la provincia de Matanzas y seguida en 1976 a nivel nacional de "apertura" de los órganos de poder a través de elecciones bajo control estatal y limitadas a la Asamblea Nacional por el Poder Popular (parlamento unicameral cubano).

 

A partir de principios de los 90s el Consejo de Estado ha reemplazado al parlamento y el partido y los famosos Comités de Defensa de la revolución (CDR) han prácticamente dejado de funcionar mas que como simples distribuidores de parte de los subsidios estatales a la población. Los sindicatos, que siempre tuvieron una función paraestatal, no independiente, perdieron toda posibilidad de alterar las condiciones de trabajo o negociar con sectores del poder.

 

Prácticamente todas las discusiones políticas y las decisiones mas importantes del gobierno y el estado cubanos se dan en el Consejo de Estado – sus miembros son apenas unas docenas – y en sus Ministerios – donde los cuadros con poder de decisión son centenares –, secretarías y cuadros de las mismas, agrupando unos 3-4,000 cuadros políticos.

 

Dentro de esta elite, menos de 150 dirigentes de Ministerios, la intelectualidad, las Fuerzas Armadas, la seguridad del estado, llevan sobre sí toda la responsabilidad y el privilegio de tomar todas las decisiones. Es en ese pequeño grupo y en su periferia inmediata de unos miles más es en donde se dirime la discusión – y se tomarán las resoluciones – sobre la sucesión y el curso futuro de la revolución cubana.

 

El Consejo de Estado, órgano de la sucesión

 

Teóricamente un órgano del parlamento que funciona entre las dos sesiones del mismo, ha pasado a ser el organismo que decreta desde la vida económica hasta las sanciones políticas, pasando por todas las decisiones de importancia en el estado cubano y llevando a cabo la política exterior de la isla. Junto al Consejo de Ministros, ambos presididos por Fidel hasta su operación quirúrgica, en ellos se concentran los poderes del estado y el gobierno.

 

A la muerte de Fidel, quien tenga la mayoría entre estos cuadros, será el encargado de suceder al líder y de enmarcar la política futura de la revolución. Sin embargo, dentro del mismo Consejo, no todos tienen el mismo peso específico en las decisiones.

 

Por empezar, solo una docena de estos cuadros tienen cierta popularidad entre los cubanos, mientras el resto son casi desconocidos para el conjunto de la población. Entre ellos destacan tres con las suficientes credenciales, objetivos políticos, ambiciones políticas y alrededor de ellos se organizan el resto: Raúl Castro, Carlos Lage y Ricardo Alarcón. Es probable que Raúl Castro haya caracterizado que el Consejo y aun el propio parlamento le hubieran sido adversos, por eso esta basando toda su presunción de heredero de Fidel basándose en el partido, y ni siquiera en sus órganos de base, sino en su Buró Político y en el Comité Central. Esto es así, porque es allí donde la vieja guardia y los cuadros militares tienen un peso exorbitante.

 

Un simple vistazo de las estadísticas de la Asamblea Nacional por el Poder Popular, que refleja en gran medida la composición del propio Consejo de Estado, da una pauta que son los sectores más jóvenes y cercanos a dirigentes como Lage quienes tienen la mano ganadora en ese ámbito.

 

La edad promedio de los integrantes es de 47 años, y de los 600 miembros, unos 180 tienen menos de 40. Los miembros de 41 a 65 años son 359, mientras los de la generación de Raúl Castro, aquellos mayores a 60 años son solo 65. Los universitarios son una abrumadora mayoría de 493. Los nuevos diputados, es decir aquellos que fueron promovidos por Lage y el propio Alarcón son absoluta mayoría con 378 puestos.

 

El espectro de la revolución y la democracia obrera

 

Es necesario determinar, o por lo menos elaborar una hipótesis de que clases subyacen en las diferentes tendencias del PCC. Sabemos que los trabajadores fabriles y sectores más conscientes del campesinado cubano empujan por una re-estructuración favorable a ellos de la economía y que subyacen en esos estamentos sociales un deseo de "participación" que, junto a la masiva juventud, podrían dar el marco de una renovación de la revolución.

 

Existen estamentos medios, muchos de los cuales podrían considerarse como clases medias privilegiadas (sectores de la burocracia estatal, los trabajadores del turismo, los miembros del aparato estatal y político y algunos intelectuales y deportistas). Estos sectores estarán mucho mas presionados para acelerar el curso de la restauración capitalista completa y de encontrar un status quo más "razonable" con el imperialismo norteamericano y europeo.

 

Luego están los sectores incipientes de una burguesía de poca monta estableciéndose en los márgenes de la sociedad cubana, los lumpenes, los traficantes, los beneficiarios a gran escala del mercado negro, los contrabandistas… que constituyen un numero mucho mayor de los que muchos creen. Para estos sectores, auque su coherencia y estructuración social los diferencie notablemente entre ellos, tienen en común una profunda hostilidad a cualquier regreso a las fuentes de la revolución original y mucho mas aun a una reforma revolucionaria y un re-lanzamiento radical del proceso político cubano. Habrá que ver a qué sector cada tendencia del Fidelismo apela para sustentarse y movilizar por sus propios intereses. Por ahora, parece haber un acuerdo tácito de mantener la lucha fraccional en la superestructura del poder, en la élite. Todas las tendencias comprenden que desplazar esta lucha a la estructura social de clases de la sociedad cubana podría tener resultados impredecibles: o un giro de sectores importantes que hoy no existen a apoyar la contra-revolución abiertamente o que el deseo de un salto delante de la revolución obtenga apoyo de masas y que éstas, movilizadas, obliguen a sus dirigentes a ir mucho mas allá de lo que quieren.

 

Lo interesante de todo este proceso es la potencialidad de un salto adelante en el proceso revolucionario que lo salve de su muerte segura poco después del velatorio de su máximo dirigente, Fidel Castro. A eso deberían jugarse todos aquellos a la izquierda de la socialdemocracia en Cuba y para ello estos deberían convocar a las masas trabajadoras y populares de Latinoamérica.

 

Un aspecto a favor es que las postrimerías del "Periodo Especial" y el comienzo de la visualización de una perspectiva mejor económicamente, a mas de la apertura que significó la reconversión económica de Cuba que atrajo a cientos de miles de visitantes a la Isla, es que a los márgenes aun, pero importantes márgenes, se esta formando una corriente mas radical, rebelde, de la sociedad cubana.

 

Han surgido "Trotskistas" en la Isla. A veces se llama así a hipercríticos revolucionarios del actual proceso; otras veces a quienes están un poco a la izquierda, moderadamente a la izquierda, de los "aparatchiks" y otras a revolucionarios sinceros o intelectuales que buscan una explicación al triunfo inicial, a los fracasos posteriores y a las posibilidades del futuro.

 

Libros de Trotsky y otros autores a la izquierda de aquellos que constituyeron las enseñanzas tradicionales de las generaciones anteriores comienzan a circular y existen grupos y eventos informales de esta nueva disidencia dentro de la revolución. Algunos de estos elementos, como Celia Hart, una especie de Trosko-Fidelista de las que hay muchos exponentes en la Isla, son tolerados.

 

Otros serán resistidos. Estos nuevos elementos revolucionarios tienen que buscar el camino, ante todo hacia la juventud, donde reside todo el potencial para salvar el proceso revolucionario, y de la clase obrera – que está destinada a ser el único motor de la revolución dentro de la revolución – con una propuesta que combine un plan de acción revolucionario e independiente al mismo tiempo que las herramientas democráticas (concilios de obreros y campesinos, control obrero de la producción y los planes económicos, así como de la distribución) que son necesarias.

 

Dentro de ese marco, los grandes peligros son las tendencias hacia la "vía China" de desarrollo por un lado – donde la restauración capitalista se combine con un control aun mas burocrático del aparato del estado – y la de los intentos contrarrevolucionarios del imperialismo el cual, aunque para algunos parezca irreal, podría tranquilamente inclinarse hacia la "vía china" como una medida de transición perfectamente compatible con sus planes a largo plazo.

 

Por otro lado, un error de cualquiera de las tendencias en la superestructura, podrían desencadenar fenómenos impredecibles. El nerviosismo que hoy recorre las filas de los altos rangos del ejército, la policía y la seguridad de estado, y la paralización de los organos destinados a tomar decisiones formales, podrían alentar a algun sector a intentar un golpe de mano, o incluso un golpe palaciego – si es que ya no hay uno en curso – para lograr ventaja sobre sus adversarios. Los próximos acontecimientos que se sucedan en esta lucha y cómo ésta encuentra eco en el pueblo cubano y las masas Latinoamericanas y la izquierda – que hasta ahora se ha declarado de palo – tendran entonces una importancia decisiva.

 

En Cuba, los hilos del avance y el triunfo primeros fueron dirigidos por Fidel, Camilo, Frank y el Che. De ellos solo queda Fidel vivo. Su gran popularidad entre quienes lo apoyan y el enorme respeto del que goza aun entre aquellos a quienes no les gusta su régimen han sido hasta ahora los garantes de la permanencia de esos triunfos del pasado.

Por otro lado, el equilibrio entre la naturaleza del estado obrero deformado y los embates capitalistas que pugnan por restaurar el viejo orden se está perdiendo a grandes pasos, si no es que se ha perdido definitivamente.

 

Fidel está por cumplir 80 años, la revolución ya tiene 47. Después del retroceso de los 90s y la caída de la Unión Soviética, la revolución muestra rasgos de senilidad y Fidel no puede darse el lujo de salir de escena graciosamente. El lo ha dicho "un error de la revolución nos puede significar un desastre".

 

Nada se pierde, todo se transforma. La muerte, en política, no es necesariamente el fin. El Lenin momificado le sirvió a Stalin durante décadas. La muerte anticipada, y muchas veces anunciada, de Fidel, no significa necesariamente el fin de la revolución cubana.

 

No habrá culto a la personalidad, sin embargo, que salve a su sucesor si todo lo que cuenta es con una momia. Si alguien sin la popularidad y autoridad de Fidel ante las masas quisiera continuar las cosas tal cual son hoy, estará perdido. Si la contrarrevolución le gana de mano a la reforma, también. Solo la revolución política, es decir la reforma radical del sistema, no su liquidación, podrá transformar la revolución, dándole nueva vida.

 

AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

 

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 16:52, Categoría: lecturas
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harold alvarado tenorio, el dadaismo

 

El Nadaísmo

1958-1974

 

 

 “En Medellín durante las décadas de 1950 y 1960 se conformó un extraño mundo que

 integró la protesta con la resignación, las más bellas formas artísticas y literarias con la vida ruda y repugnante de los bajos fondos, la espiritualidad con el crudo materialismo, lo esotérico con el mundanal diario… Era un extraño mundo en el que convivían los cultores del poeta Porfirio Barba Jacob y los seguidores del profeta Gonzalo Arango con la cultura lumpesca y de barriada que encontró su expresión en el personaje popular que hacía ostentación del

consumo de marihuana, el camaján, que vestía vistosamente: pantalones verdes o morados,

 bota ceñida y bastante alta (sostenida con cargaderas), camisa con mangas remangadas, cuello levantado y chaqueta bastante larga. Caminaba lentamente, con movimiento rítmico de brazos. Era lo que llamaban un man legal, pero que constituía el terror de los barrios residenciales, pues las señoras le atribuían los peores crímenes y depravaciones, contribuyendo a ello la jerga esotérica de trasposición de sílabas: misaca (camisa), lonpanta (pantalón), pinrieles (zapatos), o los nombres de la marihuana: yerba, mona, maracachafa, grifa, bareta, marimba. Era la época en que la nota musical de esa subcultura se oía en la Sonora Matancera y Daniel Santos, el inquieto anacobero. Para entonces, a comienzos de los años 60, ya se habían hecho realidad las palabras de otro nadaísta: La marihuana es el opio del pueblo, por su bajo precio naturalmente.”

Mario Arango, Algo va del camaján al traquetero, en

Impacto del narcotráfico en Antioquia, Medellín, 1988, pgs. 23-24.

 

Para 1958, cuando Gonzalo Arango Arias publicó su primer manifiesto, Colombia era ya un país en ruinas no sólo económica sino social y moral. La dictadura había concluido la tarea malhechora de los gobiernos de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez y Roberto Urdaneta Arbeláez, y la clase dirigente, una de las más perversas oligarquías latinoamericanas que surgieron luego de la muerte del Libertador, se disponía a repartirse el presupuesto nacional y la libertad de asociación y expresión, de manera paritaria, en los futuros veinte años. La dictadura de Rojas Pinilla instauró el culto a la personalidad, la censura a la prensa, cerrando diarios y emisoras y creando la Televisora Nacional como su principal instrumento de propaganda, con Gloria Valencia de Castaño y Fernando González Pacheco como sus iconos inmortales, asesinando estudiantes, volando barrios enteros con dinamita y masacrando opositores durante corridas de toros.

 

Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, los dos polos de esta perfidia, inventaron el Frente Nacional y procedieron a desmontar la cultura colombiana desde sus mismos cimientos y desde los ministerios de educación, justicia, trabajo y con la ayuda de una gran mayoría de los intelectuales de izquierda y el liberalismo, borraron primero la memoria colectiva, la historia y las literaturas, a fin de crear un nuevo estado donde todos los colombianos guardaran silencio, pasaran hambres inmemoriales, ningún pobre pudiese ir a la escuela y todo el país, pero especialmente las mujeres, recibieran ese regalo del cielo que se llama todavía control de la natalidad, para cuyo propósito el doctor Lleras Restrepo creo el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, una suerte de fornicación sin pan, que la oligarquía regaló a los pobres. Todo fue inventado en el Frente Nacional, y todo llevó a la creación de la mas grande república del narcotráfico jamás imaginada, donde una minoría de delincuentes iba a elegir los gobiernos de Julio César Turbay, Alfonso López Michelsen, Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria Trujillo y Ernesto Samper, cambiaría la Constitución centenaria por una de bolsillo para no ser extraditados y serían los únicos capaces de arruinar ideológicamente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, haciéndoles sus socios.  A todo ello contribuyó la batahola, la garrulería, el narcisismo, la chabacanería y oportunismo de los adeptos[1] de Gonzalo Arango Arias, con notables excepciones, por supuesto. Precisamente las de los únicos poetas que nacieron para su desgracia bajo esa estrella polar. Entre 1956 y 1968 Colombia vivió la más grande recesión de su historia en el siglo XX.

 

Y fue en esos años cuando Gonzalo Arango Arias decidió competir con los ciclistas de la vuelta a Colombia y los actores de las novelas radiales, -Lejos del nido y Albertico Limonta-, por un público que sigue siendo una inmensa mayoría analfabeta, mientras la otra inmensa minoría, la que supuestamente oía una radio de “música culta”, veía los filmes de la nouvelle vague en la Cinemateca de Colseguros y leía a Camus, Sartre, de Bouvoir, Rochefort, Sagan, Miller y otros. Y no habría tenido el éxito que tuvo si la llamada Gran Prensa, los periódicos de la oligarquía y sus emisoras de radio y televisión, no se hubieran hecho eco de los desplantes, bufonadas, patanerías, quemas de libros y efigies de escritores, y las blasfemias y sacrilegios que cometieron los Nadaístas en Medellín, Cali, Barranquilla y Manizales. Porque a los directores de los periódicos y los noticieros también el Nadaísmo ofreció una distracción y alguna rebeldía en un país que estaba sumido en un baño de sangre que lo sacaba de otro baño de sangre que venía del confín de los siglos. Sin la complacencia y socarrona aprobación de Eduardo Mendoza Varela y Gonzalo González, alias GOG y el mismo Guillermo Cano Isaza, el Nadaísmo no hubiese existido. Cerca de trescientos artículos de los Nadaístas fueron publicados en los suplementos literarios de El Tiempo y El Espectador en esos años triunfales del Nadaísmo y no pocos reportajes y noticias se encuentran en el cuerpo de los diarios. El estado de cosas que pretendían derruir los Nadaístas, o mejor Gonzalo Arango Arias, era ahora quien les bendecía y absolvía y celebraba con ciertas furias que en últimas eran risas. Y sus fingidas rupturas prosódicas, lo que teje las ideas, terminaron por ser una ética de la mas perversa lógica: como no podían vencer al establecimiento y sus guerras e injusticias, había que sacarle el mejor partido posible: y entonces los mas sobresalientes “nadaístas” fueron los mas grandes delincuentes y criminales que ha tenido Colombia con las mas fabulosas fortunas de nuestra historia. Algo iba, ciertamente, del camaján al traquetero.

 

El Nadaísmo fue la otra cara de esa moneda que ofreció Mito. Las dos expresiones de nuestra nacionalidad fueron estrictamente coetáneas. Pero una significaba la cultura y la otra la barbarie. Mientras Gaitán Durán publicaba la revista mas importante que haya tenido Colombia, Gonzalo Arango Arias quemaba libros y se endiosaba a si mismo y servía de taparrabos de una maldad llamada Frente Nacional. Y el destino de sus supervivientes fue también melancólico. Los que sobrevivieron de Mito terminaron en brazos de los gobiernos de lo que más detestaron. Los nadaístas son hoy parte del establecimiento, con preclaras excepciones, repito y concluyo. Y es por todo esto que Germán Arciniegas y Gonzalo Arango Arias, aparentes extremos encontrados en su tiempo, tienen razón cuando afirman que:

 

El Nadaísmo es un producto natural de una época pervertida. Época de culturas dirigidas por analfabetos. Entre nosotros, es la consecuencia inmediata de las dictaduras” (Germán Arciniegas, El nadaísmo es algo, El Tiempo, julio 1958)

 

Las revoluciones artísticas y científicas las hacen los Einstein, los Picasso, los Barnard. Para pensar nosotros en hacer este tipo de revoluciones tendríamos que empezar por terminar el bachillerato”. (Gonzalo Arango Arias, Correspondencia violada, 1980, p. 270)

 

Harold Alvarado Tenorio



[1] Entre los jóvenes escritores y artistas de entonces que figuraron como Nadaístas recordamos a Alberto Sierra; Alberto Escobar; Amilkar Osorio, o Amilkar U; Armando Romero; Darío Lemos; David Bonells Rovira; Dukardo Hinostroza, Eduardo Escobar, Elkin Restrepo; Elmo Valencia o El Monje Loco; Fanny Buitrago; Guillermo Trujillo; Humberto Navarro; Jaime Espinel; Jorge Orlando y Moisés Melo; José Javier Jorge o Álvaro Medina; José Mario Arbeláez, o J. Mario; Juan Manuel Roca Vidales; Malgrem Restrepo, Mario Cataño o Mario Rivero; Pablus Gallinazus; William Agudelo y X-504 o Jaime Jaramillo Escobar. Refiriéndose a ellos, a quienes conoció y soportó en la Librería Aguirre de Medellín, dijo Alberto Aguirre (Una figurita endeble, en Suplemento Dominical de El Colombiano, Medellín, 23 de Octubre de 1993): “El grupito tenía la psicología del vago, el cinismo del vago, que se puede tomar, visto desde hoy, como un bohemio intelectual. Pero no, eran vagos. […] La de los Nadaístas fue una generación que mostró una tremenda incultura. No leían. […] En realidad no leían. Ellos no hacían sino beber y fumar marihuana. Bebían mucho en el Metropol. Tomaban mucho trago, trasnochaban y dormían todo el día. No había realmente una tertulia intelectual, entre ellos o con ellos. Su obra literaria es solitaria. Del Nadaísmo quedan pocas cosas”. 

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 16:47, Categoría: lecturas
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ruben vedovaldi, argentina

 
NO HAY FUERZAS ARMADAS DE PAZ 
LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA
En un mundo instituido por el nuevo orden y el pensamiento único
circula antes y llegan más lejos las voces políticamente correctas de la pacificación que el clamor de justicia.
Así, en nombre de la Paz Mundial se interrumpe y cajonea el Juicio de Nüremberg,
en nombre de la pacificación se golpearon tantos gobiernos en latinoamérica.
Los que creyeron que gracias a la bomba atómica se paró la Guerra Mundial pecaron de muy ingenuos. La Era Nuclear resulto cada vez menos pacífica y más mortal.
En nombre de la pacificación argentina firma Alfonsín Punto Final y Obediencia Debida y firma Menem Indulto.
No habrá paz en el Líbano ni en el mundo con proclamar NI VENCEDORES NI VENCIDOS y cubrir la retirada impune de los genocidas de los ochenta, de los noventa y de hoy.
Los Milosevic y los Suárez Mason y los Hitler y los Pbierke, los Powells, los Runsfeld, Rockefeller y los Domingo Cavallo se mueren antes de llegar a los tribunales de justicia.
Justicia demorada es injusticia instituida.
Es fácil llorar sobre las ruinas, sobre el cadáver del niño reventado por la bomba.
Es fácil llorar sobre seis millones de judíos exterminados o sobre treinta mil argentinos desaparecidos.
¿Diez mil años de historia humana son veinte mil años de guerra santa ? 
¿PAZ O JUSTICIA?
La paz responsable será consecuencia de la justicia responsable o no será.
Una justicia que condena a Scilingo, al Turco Julián en el 2006 por crímenes cometidos en 1977 ¿juzgará a Ariel Sharón y a los Bush padre e hijo, y a todos los limpiadores étnicos de hoy, dentro de treinta años?
 Dentro de diez años tal vez ya no haya Hilburton ni Medio Oriente ni Naciones Unidas ni humanidad.
.
                                              Rubén
LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA
En un mundo instituido por el nuevo orden y el pensamiento único
circula antes y llegan más lejos las voces políticamente correctas de la pacificación que el clamor de justicia.
Así, en nombre de la Paz Mundial se interrumpe y cajonea el Juicio de Nüremberg,
en nombre de la pacificación se golpearon tantos gobiernos en latinoamérica.
Los que creyeron que gracias a la bomba atómica se paró la Guerra Mundial pecaron de muy ingenuos. La Era Nuclear resulto cada vez menos pacífica y más mortal.
En nombre de la pacificación argentina firma Alfonsín Punto Final y Obediencia Debida y firma Menem Indulto.
No habrá paz en el Líbano ni en el mundo con proclamar NI VENCEDORES NI VENCIDOS y cubrir la retirada impune de los genocidas de los ochenta, de los noventa y de hoy.
Los Milosevic y los Suárez Mason y los Hitler y los Pbierke, los Powells, los Runsfeld, Rockefeller y los Domingo Cavallo se mueren antes de llegar a los tribunales de justicia.
Justicia demorada es injusticia instituida.
Es fácil llorar sobre las ruinas, sobre el cadáver del niño reventado por la bomba.
Es fácil llorar sobre seis millones de judíos exterminados o sobre treinta mil argentinos desaparecidos.
¿Diez mil años de historia humana son veinte mil años de guerra santa ? 
¿PAZ O JUSTICIA?
La paz responsable será consecuencia de la justicia responsable o no será.
Una justicia que condena a Scilingo, al Turco Julián en el 2006 por crímenes cometidos en 1977 ¿juzgará a Ariel Sharón y a los Bush padre e hijo, y a todos los limpiadores étnicos de hoy, dentro de treinta años?
 Dentro de diez años tal vez ya no haya Hilburton ni Medio Oriente ni Naciones Unidas ni humanidad.
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                                              Rubén

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 16:42, Categoría: lecturas
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jorge bousoño, cuba

JERUSALÉN, AÑO CERO.   Esta canción de nuestro cantautor Silvio Rodríguez, poeta de alto vuelo, me ronda desde hace días y, ahora, tomo estas palabras para tratar de ENTENDER [y miren que una amiga entrañable e importante poeta cubana radicada hace varios años en México me dice que, por idiosincrasia, los cubanos siempre tenemos algo para opinar, pero bueno].

  Hay heridas tan antiguas y profundas que, por más que uno las cuide, "todos los golpes van a parar a ellas", como promulga el viejo refrán; o siempre hay alguien para trastearlas, y sacar su tajada...

Hasta una Cena de reconciliación puede ver quebrada sus buenas intenciones.

Jerusalén año cero, testamentos; hebreos, católicos; va Judas, va Jesús con su cruz. Muy de cerca los musulmanes.

Pasan los siglos y continúa la dispersión. Luthero, además.

De nuestra América uno de sus próceres, el Benemérito Don Benito Juárez, expresa: "EL RESPETO AL DERECHO AJENO ES LA PAZ".

Sigue el tiempo atravesando senderos, con él los odios continúan su acumulación, como capital, y para nada...: a la misma canasta van las ansias de poder, de conquistas y saqueo.

Nuevo milenio, el más reciente: caen dos torres, gemelas por su semejanza y simbolismo; y ahora una guerra de exterminio es tan preventiva como una vacuna ["no le tires piedras al tejado de tu vecino, cuando el tuyo es de vidrio", y a esto nadie es ajeno].

En la segunda guerra mundial las hordas naxifascistas intentaron exterminar de la faz de la tierra a todos los judíos. A manera de amainar tanto dolor y sacrificios [amén de las sumas a tras fondo]: "LA TIERRA PROMETIDA" [¿eh, y Palestina?].

Y me pregunto ahora, a ver si ENTIENDO, ¿quién arremete contra quien?, ¿quién trata de exterminar a quien?, ¿es acaso guerra prevención ante dudas y/o deudas históricas?

¡Ah, verdad! que, en estos tiempos, los humildes solo tenemos mejillas; para nada tenemos derecho, ni a defender lo poco que poseemos.

Perdonen mi ignorancia y simplicidad [así me quieren los dueños del mundo para reiterarme los mismos cuentos, las mismas recetas].   Tal vez y un día podríamos convivir géneros, razas, culturas, credos, con todo el respeto y la armonía que necesitas Humanidad.
De momento los misiles toman el lugar de las aves y las lágrimas riegan la tierra rojo púrpura.
Jorge Bousoño González

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 16:36, Categoría: lecturas
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Luis Alberto Ambroggio , argentina

LUZ AL FIN

 

 

Si tus pies pisaran humo

triunfando tristemente sobre la melancolía,

si tus manos, por ejemplo, construyesen

palacios dorados que se esfumen,

si tu pan tuviese tan solo

la alquimia de un deseo,

si tu madre fuese una sombra sin brazos,

si tu amante acaso un muerto,

si todos los días en tu contorno

brillaran agriamente las cenizas,

si el futuro de tus ojos al amanecer

lo pintara amenazante la penumbra,

no sé si tu existieras

o si alguien pudiese existir en la agonía.

 

Mirándote, mirándome,

me convenzo que con el humo no se juega.

 

Si la luz en cambio nos besara

y absorbiera absolutamente

como se absorben los amantes

viviríamos con cantos las auroras.

 

¿Hizo Dios la luz

o hizo las tinieblas?

 

 

  

©2005 Luis Alberto Ambroggio (de Laberintos de Humo, Ed. Tierra Firme, Bs. As.: 2005)

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 8:45, Categoría: poesia
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anibal sciorra, argentina

Aníbal Jorge Sciorra

María ve

 

Hace un par de años, en Chají-Chají, un pequeño pueblo del noroeste correntino, María Valenzuela se ganó una computadora en un programa de la radio local. Contenta con el premio, María aprendió a manejarla en muy poco tiempo. Tiene su propia casilla de correo electrónico, navega por Internet y hasta se ha hecho de unos cuantos amigos virtuales de lugares distantes a través del chat. Ya sabe a que atenerse  ante un troyano, un hacker o un spam.

La semana pasada María quedó conmovida por textos y fotos de la guerra de medio oriente que le envió por mail su amiga Graciela que vive en Santa Fe. Al ver tanto horror en esas crónicas le responde diciéndole: “...he leído…bastante…lo que me has enviado…sobre… la guerra… cuanta barbarie..!!! cuanta injusticia!!! pobre gente!!!y yo… imagino… y se me viene a la mente...cuando de chica…mis padres…se peleaban..taanto!! que mi papá amenazaba..a mamá… con matarla.!!! y ella… a como de el lugar nos sacaba por la ventana… a nosotras dos chicas…que hemos tenido… masomenos..4, yo y 7 mi hermana… porque nos llevamos 3 años...y nos escondía…entre las plantas… de noche…con frío..!!!... tapaditas con frazadas… amanecíamos... mi hermana…y yo…abrazadas… apretaditas…pero claro…no había…bombas...lo relaciono… con esto de la guerra…pobres chicos..!!! y me da tanta amargura… recordar… que algo… similar…he vivido..!corriendo...desesperada… en busca de… algún vecino… que nos ayude..! llamar... a la…policía!!! y ver... amargamente...como se llevaban a mi papá..!!que tanto amaba..! y ser ..a veces..yo!!! con tan poca edad...´´la traidora..!... (la que llamó..a la. Policía...) bueh..se que ya pasó!!! pero esto…de la guerra… me trajo a la …memoria… recuerdos…muy amargos...y me supongo…que así…masomenos…pero en mas  gran escala… pasaran huyendo…toda esa gente…escapando…cada instante..y no saber en quien confiar… y nosotros acá… tan lejos…ser…solo espectadores...sin poder hacer…nada…para que paren… la maldita guerra..!!!! y vivamos en este mundo…realmente…como hermanos..´´y promulgar…tanto la paz. como el amor… entre todos… hay amor..!!!!”

 

María ve entremezclándose en la siesta provinciana las imágenes de los horrores, el de su pasado y el de este presente que acontece en un lugar muy lejos de su Chají-Chají natal de donde nunca ha salido y se ahoga en llanto, apretando fuertemente su pañuelito con su mano izquierda mientras que con la derecha hace clic en el botón derecho del mouse  sobre la leyenda “enviar”.

Fte: la maquina de escribir.

Por lobitogabriel - 9 de Agosto, 2006, 8:25, Categoría: cuento
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carlos fuentes, mexico- la muñeca reina

I

Vine porque aquella tarjeta, tan curiosa, me hizo recordar su existencia. La encontré en un libro olvidado cuyas páginas habían reproducido un espectro de la caligrafía infantil. Estaba acomodando, después de mucho tiempo de no hacerlo, mis libros. Iba de sorpresa en sorpresa, pues algunos, colocados en las estanterías más altas, no fueron leídos durante mucho tiempo. Tanto, que el filo de las hojas se había granulado, de manera que sobre mis palmas abiertas cayó una mezcla de polvo de oro y escama grisácea, evocadora del barniz que cubre ciertos cuerpos entrevistos primero en los sueños y después en la decepcionante realidad de la primera función de ballet a la que somos conducidos. Era un libro de mi infancia -acaso de la de muchos niños- y relataba una serie de historias ejemplares más o menos truculentas que poseían la virtud de arrojarnos sobre las rodillas de nuestros mayores para preguntarles, una y otra vez, ¿por qué? Los hijos que son desagradecidos con sus padres, las mozas que son raptadas por caballerangos y regresan avergonzadas a la casa, así como las que de buen grado abandonan el hogar, los viejos que a cambio de una hipoteca vencida exigen la mano de la muchacha más dulce y adolorida de la familia amenazada, ¿por qué? No recuerdo las respuestas. Sólo sé que de entre las páginas manchadas cayó, revoloteando, una tarjeta blanca con la letra atroz de Amilamia: Amilamia no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo.

Y detrás estaba ese plano de un sendero que partía de la X que debía indicar, sin duda, la banca del parque donde yo, adolescente rebelde a la educación prescrita y tediosa, me olvidaba de los horarios de clase y pasaba varias horas leyendo libros que, si no fueron escritos por mí, me lo parecían: ¿cómo iba a dudar que sólo de mi imaginación podían surgir todos esos corsarios, todos esos correos del zar, todos esos muchachos, un poco más jóvenes que yo, que bogaban el día entero sobre una barcaza a lo largo de los grandes ríos americanos? Prendido al brazo de la banca como a un arzón milagroso, al principio no escuché los pasos ligeros que, después de correr sobre la grava del jardín, se detenían a mis espaldas. Era Amilamia y no supe cuánto tiempo me habría acompañado en silencio si su espíritu travieso, cierta tarde, no hubiese optado por hacerme cosquillas en la oreja con los vilanos de un amargón que la niña soplaba hacia mí con los labios hinchados y el ceño fruncido.

Preguntó mi nombre y después de considerarlo con el rostro muy serio, me dijo el suyo con una sonrisa, si no cándida, tampoco demasiado ensayada. Pronto me di cuenta que Amilamia había encontrado, por así decirlo, un punto intermedio de expresión entre la ingenuidad de sus años y las formas de mímica adulta que los niños bien educados deben conocer, sobre todo para los momentos solemnes de la presentación y la despedida. La gravedad de Amilamia, más bien, era un don de su naturaleza, al grado de que sus momentos de espontaneidad, en contraste, parecían aprendidos. Quiero recordarla, una tarde y otra, en una sucesión de imágenes fijas que acaban por sumar a Amilamia entera. Y no deja de sorprenderme que no pueda pensar en ella como realmente fue, o como en verdad se movía, ligera, interrogante, mirando de un lado a otro sin cesar. Debo recordarla detenida para siempre, como en un álbum. Amilamia a lo lejos, un punto en el lugar donde la loma caía, desde un lago de tréboles, hacia el prado llano donde yo leía sentado sobre la banca: un punto de sombra y sol fluyentes y una mano que me saludaba desde allá arriba. Amilamia detenida en su carrera loma abajo, con la falda blanca esponjada y los calzones de florecillas apretados con ligas alrededor de los muslos, con la boca abierta y los ojos entrecerrados porque la carrera agitaba el aire y la niña lloraba de gusto. Amilamia sentada bajo los eucaliptos, fingiendo un llanto para que yo me acercara a ella. Amilamia boca abajo con una flor entre las manos: los pétalos de un amento que, descubrí más tarde, no crecía en este jardín, sino en otra parte, quizás en el jardín de la casa de Amilamia, pues la única bolsa de su delantal de cuadros azules venía a menudo llena de esas flores blancas. Amilamia viéndome leer, detenida con ambas manos a los barrotes de la banca verde, inquiriendo con los ojos grises: recuerdo que nunca me preguntó qué cosa leía, como si pudiese adivinar en mis ojos las imágenes nacidas de las páginas. Amilamia riendo con placer cuando yo la levantaba del talle y la hacía girar sobre mi cabeza y ella parecía descubrir otra perspectiva del mundo en ese vuelo lento. Amilamia dándome la espalda y despidiéndose con el brazo en alto y los dedos alborotados. Y Amilamia en las mil posturas que adoptaba alrededor de mi banca: colgada de cabeza, con las piernas al aire y los calzones abombados; sentada sobre la grava, con las piernas cruzadas y la barbilla apoyada en el mentón; recostada sobre el pasto, exhibiendo el ombligo al sol; tejiendo ramas de los árboles, dibujando animales en el lodo con una vara, lamiendo los barrotes de la banca, escondida bajo el asiento, quebrando sin hablar las cortezas sueltas de los troncos añosos, mirando fijamente el horizonte más allá de la colina, canturreando con los ojos cerrados, imitando las voces de pájaros, perros, gatos, gallinas, caballos. Todo para mí, y sin embargo, nada. Era su manera de estar conmigo, todo esto que recuerdo, pero también su manera de estar a solas en el parque. Sí; quizás la recuerdo fragmentariamente porque mi lectura alternaba con la contemplación de la niña mofletuda, de cabello liso y cambiante con los reflejos de la luz: ora pajizo, ora de un castaño quemado. Y sólo hoy pienso que Amilamia, en ese momento, establecía el otro punto de apoyo para mi vida, el que creaba la tensión entre mi propia infancia irresuelta y el mundo abierto, la tierra prometida que empezaba a ser mía en la lectura.

Entonces no. Entonces soñaba con las mujeres de mis libros, con las hembras -la palabra me trastornaba- que asumían el disfraz de la Reina para comprar el collar en secreto, con las invenciones mitológicas -mitad seres reconocibles, mitad salamandras de pechos blancos y vientres húmedos- que esperaban a los monarcas en sus lechos. Y así, imperceptiblemente, pasé de la indiferencia hacia mi compañía infantil a una aceptación de la gracia y gravedad de la niña, y de allí a un rechazo impensado de esa presencia inútil. Acabó por irritarme, a mí que ya tenía catorce años, esa niña de siete que no era, aún, la memoria y su nostalgia, sino el pasado y su actualidad. Me habla dejado arrastrar por una flaqueza. Juntos habíamos corrido, tomados de la mano, por el prado. Juntos habíamos sacudido los pinos y recogido las piñas que Amilamia guardaba con celo en la bolsa del delantal. Juntos habíamos fabricado barcos de papel para seguirlos, alborozados, al borde de la acequia. Y esa tarde, cuando juntos rodamos por la colina, en medio de gritos de alegría, y al pie de ella caímos juntos, Amilamia sobre mi pecho, yo con el cabello de la niña en mis labios, y sentí su jadeo en mi oreja y sus bracitos pegajosos de dulce alrededor de mi cuello, le retiré con enojo los brazos y la dejé caer. Amilamia lloró, acariciándose la rodilla y el codo heridos, y yo regresé a mi banca. Luego Amilamia se fue y al día siguiente regresó, me entregó el papel sin decir palabra y se perdió, canturreando, en el bosque. Dudé entre rasgar la tarjeta o guardarla en las páginas del libro. Las tardes de la granja. Hasta mis lecturas se estaban infantilizando al lado de Amilamia. Ella no regresó al parque. Yo, a los pocos días, salí de vacaciones y después regresé a los deberes del primer año de bachillerato. Nunca la volví a ver.

II

Y ahora, casi rechazando la imagen que es desacostumbrada sin ser fantástica y por ser real es más dolorosa, regreso a ese parque olvidado y, detenido ante la alameda de pinos y eucaliptos, me doy cuenta de la pequeñez del recinto boscoso, que mi recuerdo se ha empeñado en dibujar con una amplitud que pudiera dar cabida al oleaje de la imaginación. Pues aquí habían nacido, hablado y muerto Strogoff y Huckleberry, Milady de Winter y Genoveva de Brabante: en un pequeño jardín rodeado de rejas mohosas, plantado de escasos árboles viejos y descuidados, adornado apenas con una banca de cemento que imita la madera y que me obliga a pensar que mi hermosa banca de hierro forjado, pintada de verde, nunca existió o era parte de mi ordenado delirio retrospectivo. Y la colina... ¿Cómo pude creer que era eso, el promontorio que Amilamia bajaba y subía durante sus diarios paseos, la ladera empinada por donde rodábamos juntos? Apenas una elevación de zacate pardo sin más relieve que el que mi memoria se empeñaba en darle.

Me buscas aquí como te lo divujo. Entonces habría que cruzar el jardín, dejar atrás el bosque, descender en tres zancadas la elevación, atravesar ese breve campo de avellanos -era aquí, seguramente, donde la niña recogía los pétalos blancos-, abrir la reja rechinante del parque y súbitamente recordar, saber, encontrarse en la calle, darse cuenta de que todas aquellas tardes de la adolescencia, como por milagro, habían logrado suspender los latidos de la ciudad circundante, anular esa marea de pitazos, campanadas, voces, llantos, motores, radios, imprecaciones: ¿cuál era el verdadero imán: el jardín silencioso o la ciudad febril? Espero el cambio de luces y paso a la otra acera sin dejar de mirar el iris rojo que detiene el tránsito. Consulto el papelito de Amilamia. Al fin y al cabo, ese plano rudimentario es el verdadero imán del momento que vivo, y sólo pensarlo me sobresalta. Mi vida, después de las tardes perdidas de los catorce años, se vio obligada a tomar los cauces de la disciplina y ahora, a los veintinueve, debidamente diplomado, dueño de un despacho, asegurado de un ingreso módico, soltero aún, sin familia que mantener, ligeramente aburrido de acostarme con secretarias, apenas excitado por alguna salida eventual al campo o a la playa, carecía de una atracción central como las que antes me ofrecieron mis libros, mi parque y Amilamia. Recorro la calle de este suburbio chato y gris. Las casas de un piso se suceden monótonamente, con sus largas ventanas enrejadas y sus portones de pintura descascarada. Apenas el rumor de ciertos oficios rompe la uniformidad del conjunto. El chirreo de un afilador aquí, el martilleo de un zapatero allá. En las cerradas laterales, juegan los niños del barrio. La música de un organillo llega a mis oídos, mezclada con las voces de las rondas. Me detengo un instante a verlos, con la sensación, también fugaz, de que entre esos grupos de niños estaría Amilamia, mostrando impúdicamente sus calzones floreados, colgada de las piernas desde un balcón, afecta siempre a sus extravagancias acrobáticas, con la bolsa del delantal llena de pétalos blancos. Sonrío y por vez primera quiero imaginar a la señorita de veintidós años que, si aún vive en la dirección apuntada, se reirá de mis recuerdos o acaso habrá olvidado las tardes pasadas en el jardín.

La casa es idéntica a las demás. El portón, dos ventanas enrejadas, con los batientes cerrados. Un solo piso, coronado por un falso barandal neoclásico que debe ocultar los menesteres de la azotea: la ropa tendida, los tinacos de agua, el cuarto de criados, el corral. Antes de tocar el timbre, quiero desprenderme de cualquier ilusión. Amilamia ya no vive aquí. ¿Por qué iba a permanecer quince años en la misma casa? Además, pese a su independencia y soledad prematuras, parecía una niña bien educada, bien arreglada, y este barrio ya no es elegante; los padres de Amilamia, sin duda, se han mudado. Pero quizás los nuevos inquilinos saben a dónde.

Aprieto el timbre y espero. Vuelvo a tocar. Ésa es otra contingencia: que nadie esté en casa. Y yo, ¿sentiré otra vez la necesidad de buscar a mi amiguita? No, porque ya no será posible abrir un libro de la adolescencia y encontrar, al azar, la tarjeta de Amilamia. Regresaría a la rutina, olvidaría el momento que sólo importaba por su sorpresa fugaz.

Vuelvo a tocar. Acerco la oreja al portón y me siento sorprendido: una respiración ronca y entrecortada se deja escuchar del otro lado; el soplido trabajoso, acompañado por un olor desagradable a tabaco rancio, se filtra por los tablones resquebrajados del zaguán.

-Buenas tardes. ¿Podría decirme...?

Al escuchar mi voz, la persona se retira con pasos pesados e inseguros. Aprieto de nuevo el timbre, esta vez gritando:

-¡Oiga! ¡Ábrame! ¿Qué le pasa? ¿No me oye?

No obtengo respuesta. Continúo tocando el timbre, sin resultados. Me retiro del portón, sin alejar la mirada de las mínimas rendijas, como si la distancia pudiese darme perspectiva e incluso penetración. Con toda la atención fija en esa puerta condenada, atravieso la calle caminando hacia atrás; un grito agudo me salva a tiempo, seguido de un pitazo prolongado y feroz, mientras yo, aturdido, busco a la persona cuya voz acaba de salvarme, sólo veo el automóvil que se aleja por la calle y me abrazo a un poste de luz, a un asidero que, más que seguridad, me ofrece un punto de apoyo para el paso súbito de la sangre helada a la piel ardiente, sudorosa. Miro hacia la casa que fue, era, debía ser la de Amilamia. Allá, detrás de la balaustrada, como lo sabía, se agita la ropa tendida. No sé qué es lo demás: camisones, pijamas, blusas, no sé; yo veo ese pequeño delantal de cuadros azules, tieso, prendido con pinzas al largo cordel que se mece entre una barra de fierro y un clavo del muro blanco de la azotea.

III

En el Registro de la Propiedad me han dicho que ese terreno está a nombre de un señor R. Valdivia, que alquila la casa. ¿A quién? Eso no lo saben. ¿Quién es Valdivia? Ha declarado ser comerciante. ¿Dónde vive? ¿Quién es usted?, me ha preguntado la señorita con una curiosidad altanera. No he sabido presentarme calmado y seguro. El sueño no me alivió de la fatiga nerviosa. Valdivia. Salgo del Registro y el sol me ofende. Asocio la repugnancia que me provoca el sol brumoso y tamizado por las nubes bajas -y por ello más intenso- con el deseo de regresar al parque sombreado y húmedo. No, no es más que el deseo de saber si Amilamia vive en esa casa y por qué se me niega la entrada. Pero lo que debo rechazar, cuanto antes, es la idea absurda que no me permitió cerrar los ojos durante la noche. Haber visto el delantal secándose en la azotea, el mismo en cuya bolsa guardaba las flores, y creer por ello que en esa casa vivía una niña de siete años que yo había conocido catorce o quince antes... Tendría una hijita. Sí. Amilamia, a los veintidós años, era madre de una niña que quizás se vestía igual, se parecía a ella, repetía los mismos juegos, ¿quién sabe?, iba al mismo parque. Y cavilando llego de nuevo hasta el portón de la casa. Toco el timbre y espero el resuello agudo del otro lado de la puerta. Me he equivocado. Abre la puerta una mujer que no tendrá más de cincuenta años. Pero envuelta en un chal, vestida de negro y con zapatos de tacón bajo, sin maquillaje, con el pelo estirado hasta la nuca, entrecano, parece haber abandonado toda ilusión o pretexto de juventud y me observa con ojos casi crueles de tan indiferentes.

-¿Deseaba?

-Me envía el señor Valdivia. -Toso y me paso una mano por el pelo. Debí recoger mi cartapacio en la oficina. Me doy cuenta de que sin él no interpretaré bien mi papel.

-¿Valdivia? -La mujer me interroga sin alarma; sin interés.

-Sí. El dueño de la casa.

Una cosa es clara: la mujer no delatará nada en el rostro. Me mira impávida.

-Ah sí. El dueño de la casa.

-¿Me permite?...

Creo que en las malas comedias el agente viajero adelanta un pie para impedir que le cierren la puerta en las narices. Yo lo hago, pero la señora se aparta y con un gesto de la mano me invita a pasar a lo que debió ser una cochera. Al lado hay una puerta de cristal y madera despintada. Camino hacia ella, sobre los azulejos amarillos del patio de entrada, y vuelvo a preguntar, dando la cara a la señora que me sigue con paso menudo:

-¿Por aquí?

La señora asiente y por primera vez observo que entre sus manos blancas lleva una camándula con la que juguetea sin cesar. No he vuelto a ver esos viejos rosarios desde mi infancia y quiero comentarlo, pero la manera brusca y decidida con que la señora abre la puerta me impide la conversación gratuita. Entramos a un aposento largo y estrecho. La señora se apresura a abrir los batientes, pero la estancia sigue ensombrecida por cuatro plantas perennes que crecen en los macetones de porcelana y vidrio incrustado. Sólo hay en la sala un viejo sofá de alto respaldo enrejado de bejuco y una mecedora. Pero no son los escasos muebles o las plantas lo que llama mi atención. La señora me invita a tomar asiento en el sofá antes de que ella lo haga en la mecedora.

A mi lado, sobre el bejuco, hay una revista abierta.

-El señor Valdivia se excusa de no haber venido personalmente.

La señora se mece sin pestañear. Miro de reojo esa revista de cartones cómicos.

-La manda saludar y...

Me detengo, esperando una reacción de la mujer. Ella continúa meciéndose. La revista está garabateada con un lápiz rojo.

-...y me pide informarle que piensa molestarla durante unos cuantos días...

Mis ojos buscan rápidamente.

-...Debe hacerse un nuevo avalúo de la casa para el catastro. Parece que no se hace desde... ¿Ustedes llevan viviendo aquí...?

Sí; ese lápiz labial romo está tirado debajo del asiento. Y si la señora sonríe lo hace con las manos lentas que acarician la camándula: allí siento, por un instante, una burla veloz que no alcanza a turbar sus facciones. Tampoco esta vez me contesta.

-...¿por lo menos quince años, no es cierto...?

No afirma. No niega. Y en sus labios pálidos y delgados no hay la menor señal de pintura...

-...¿usted, su marido y...?

Me mira fijamente, sin variar de expresión, casi retándome a que continúe. Permanecemos un instante en silencio, ella jugueteando con el rosario, yo inclinado hacia adelante, con las manos sobre las rodillas. Me levanto.

-Entonces, regresaré esta misma tarde con mis papeles...

La señora asiente mientras, en silencio, recoge el lápiz labial, toma la revista de caricaturas y los esconde entre los pliegues del chal.


IV

La escena no ha cambiado. Esta tarde, mientras yo apunto cifras imaginarias en un cuaderno y finjo interés en establecer la calidad de las tablas opacas del piso y la extensión de la estancia, la señora se mece y roza con las yemas de los dedos los tres dieces del rosario. Suspiro al terminar el supuesto inventario de la sala y le pido que pasemos a otros lugares de la casa. La señora se incorpora, apoyando los brazos largos y negros sobre el asiento de la mecedora y ajustándose el chal a las espaldas estrechas y huesudas.

Abre la puerta de vidrio opaco y entramos a un comedor apenas más amueblado. Pero la mesa con patas de tubo, acompañada de cuatro sillas de níquel y hulespuma, ni siquiera poseen el barrunto de distinción de los muebles de la sala. La otra ventana enrejada, con los batientes cerrados, debe iluminar en ciertos momentos este comedor de paredes desnudas, sin cómodas ni repisas. Sobre la mesa sólo hay un frutero de plástico con un racimo de uvas negras, dos melocotones y una corona zumbante de moscas. La señora, con los brazos cruzados y el rostro inexpresivo, se detiene detrás de mí. Me atrevo a romper el orden: es evidente que las estancias comunes de la casa nada me dirán sobre lo que deseo saber.

-¿No podríamos subir a la azotea? -pregunto-. Creo que es la mejor manera de cubrir la superficie total.

La señora me mira con un destello fino y contrastado, quizás, con la penumbra del comedor.

-¿Para qué? -dice, por fin-. La extensión la sabe bien el señor... Valdivia...

Y esas pausas, una antes y otra después del nombre del propietario, son los primeros indicios de que algo, al cabo, turba a la señora y la obliga, en defensa, a recurrir a cierta ironía.

-No sé -hago un esfuerzo por sonreír-. Quizás prefiero ir de arriba hacia abajo y no... -mi falsa sonrisa se va derritiendo-... de abajo hacia arriba.

-Usted seguirá mis indicaciones -dice la señora con los brazos cruzados sobre el regazo y la cruz de plata sobre el vientre oscuro.

Antes de sonreír débilmente, me obligo a pensar que en la penumbra mis gestos son inútiles, ni siquiera simbólicos. Abro con un crujido de la pasta el cuaderno y sigo anotando con la mayor velocidad posible, sin apartar la mirada, los números y apreciaciones de esta tarea cuya ficción -me lo dice el ligero rubor de las mejillas, la definida sequedad de la lengua- no engaña a nadie. Y al llenar la página cuadriculada de signos absurdos de raíces cuadradas y fórmulas algebraicas, me pregunto qué cosa me impide ir al grano, preguntar por Amilamia y salir de aquí con una respuesta satisfactoria. Nada. Y sin embargo, tengo la certeza de que por ese camino, si bien obtendría un respuesta, no sabría la verdad. Mi delgada y silenciosa acompañante tiene una silueta que en la calle no me detendría a contemplar, pero que en esta casa de mobiliario ramplón y habitantes ausentes, deja de ser un rostro anónimo de la ciudad para convertirse en un lugar común del misterio Tal es la paradoja, y si las memorias de Amilamia han despertado otra vez mi apetito de imaginación seguiré las reglas del juego, agotaré las apariencia y no reposaré hasta encontrar la respuesta -quizá simple y clara, inmediata y evidente- a través de los inesperados velos que la señora del rosario tiende en mi camino. ¿Le otorgo a mi anfitriona renuente una extrañeza gratuita? Si es así, sólo gozaré más en los laberintos de mi invención. Y la moscas zumban alrededor del frutero, pero se posan sobre ese punto herido del melocotón, ese trozo mordisqueado -me acerco con el pretexto de mis notas- por unos dientecillos que han dejado su huella en la piel aterciopelada y la carne ocre de la fruta. No miro hacia donde está la señora. Finjo que sigo anotando. La fruta parece mordida pero no tocada. Me agacho para verla mejor, apoyo las manos sobre la mesa, adelanto los labios como si quisiera repetir el acto de morder sin tocar. Bajo los ojos y veo otra huella cerca de mi pies: la de dos llantas que me parecen de bicicleta, dos tiras de goma impresas sobre el piso de madera despintada que llegan hasta el filo de la mesa y luego se retiran, cada vez más débiles, a lo largo del piso, hacía donde está la señora...

Cierro mi libro de notas.

-Continuemos, señora.

Al darle la cara, la encuentro de pie con las manos sobre el respaldo de una silla Delante de ella, sentado, tose el humo de su cigarrillo negro un hombre de espaldas cargadas y mirar invisible: los ojos están escondidos por esos párpados arrugados, hinchados, gruesos y colgantes similares a un cuello de tortuga vieja, que no obstante parece seguir mis movimientos. Las mejillas mal afeitadas, hendidas por mil surcos grises, cuelgan de los pómulos salientes y las manos verdosas están escondidas entre las axilas: viste una camisa burda, azul, y su pelo revuelto semeja, por lo rizado, un fondo de barco cubierto de caramujos. No se mueve y el signo real de su existencia es ese jadeo difícil (como si la respiración debiera vencer los obstáculos de una y otra compuerta de flema, irritación, desgaste) que ya había escuchado entre los resquicios del zaguán.

Ridículamente, murmuró: -Buenas tardes... -y me dispongo a olvidarlo todo: el misterio, Amilamia, el avalúo, las pistas. La aparición de este lobo asmático justifica un pronta huida. Repito "Buenas tardes", ahora en son de despedida. La máscara de la tortuga se desbarata en una sonrisa atroz: cada poro de esa carne parece fabricado de goma quebradiza, de hule pintado y podrido. El brazo se alarga y me detiene.

-Valdivia murió hace cuatro años -dice el hombre con esa voz sofocada, lejana, situada en las entrañas y no en la laringe: una voz tipluda y débil.

Arrestado por esa garra fuerte, casi dolorosa, me digo que es inútil fingir. Los rostros de cera y caucho que me observan nada dicen y por eso puedo, a pesar de todo, fingir por última vez, inventar que me hablo a mí mismo cuando digo:

-Amilamia...

Sí: nadie habrá de fingir más. El puño que aprieta mi brazo afirma su fuerza sólo por un instante, en seguida afloja y al fin cae, débil y tembloroso, antes de levantarse y tomar la mano de cera que le tocaba el hombro: la señora, perpleja por primera vez, me mira con los ojos de un ave violada y llora con un gemido seco que no logra descomponer el azoro rígido de sus facciones. Los ogros de mi invención, súbitamente, son dos viejos solitarios, abandonados, heridos, que apenas pueden confortarse al unir sus manos con un estremecimiento que me llena de vergüenza. La fantasía me trajo hasta este comedor desnudo para violar la intimidad y el secreto de dos seres expulsados de la vida por algo que yo no tenía el derecho de compartir. Nunca me he despreciado tanto. Nunca me han faltado las palabras de manera tan burda. Cualquier gesto es vano: ¿voy a acercarme, voy a tocarlos, voy a acariciar la cabeza de la señora, voy a pedir excusas por mi intromisión? Me guardo el libro de notas en la bolsa del saco. Arrojo al olvido todas las pistas de mi historia policial: la revista de dibujos, el lápiz labial, la fruta mordida, las huellas de la bicicleta, el delantal de cuadros azules... Decido salir de esta casa sin decir nada. El viejo, detrás de los párpados gruesos, ha debido fijarse en mí. El resuello tipludo me dice:

-¿Usted la conoció?

Ese pasado tan natural, que ellos deben usar a diario, acaba por destruir mis ilusiones. Allí está la respuesta. Usted la conoció. ¿Cuántos años? ¿Cuántos años habrá vivido el mundo sin Amilamia, asesinada primero por mi olvido, resucitada, apenas ayer, por una triste memoria impotente? ¿Cuándo dejaron esos ojos grises y serios de asombrarse con el deleite de un jardín siempre solitario? ¿Cuándo esos labios de hacer pucheros o de adelgazarse en aquella seriedad ceremoniosa con la que, ahora me doy cuenta, Amilamia descubría y consagraba las cosas de una vida que, acaso, intuía fugaz?

-Sí, jugamos juntos en el parque. Hace mucho.

-¿Qué edad tenía ella? -dice, con la voz aún más apagada, el viejo.

-Tendría siete años. Sí, no más de siete.

La voz de la mujer se levanta, junto con los brazos que parecen implorar:

-¿Cómo era, señor? Díganos cómo era, por favor...

Cierro los ojos. -Amilamia también es mi recuerdo. Sólo podría compararla a las cosas que ella tocaba, traía y descubría en el parque. Sí. Ahora la veo, bajando por la loma. No, no es cierto que sea apenas una elevación de zacate. Era una colina de hierba y Amilamia había trazado un sendero con sus idas y venidas y me saludaba desde lo alto antes de bajar, acompañada por la música, sí, la música de mis ojos, las pinturas de mi olfato, los sabores de mi oído, los olores de mi tacto... mi alucinación... ¿me escuchan?... bajaba saludando, vestida de blanco, con un delantal de cuadros azules... el que ustedes tienen tendido en la azotea...

Toman mis brazos y no abro los ojos.

-¿Cómo era, señor?

-Tenía los ojos grises y el color del pelo le cambiaba con los reflejos del sol y la sombra de los árboles...

Me conducen suavemente, los dos; escucho el resuello del hombre, el golpe de la cruz del rosario contra el cuerpo de la mujer...

-Díganos, por favor...

-El aire la hacía llorar cuando corría; llegaba hasta mi banca con las mejillas plateadas por un llanto alegre...

No abro los ojos. Ahora subimos. Dos, cinco, ocho, nueve, doce peldaños. Cuatro manos guían mi cuerpo.

-¿Cómo era, cómo era?

-Se sentaba bajo los eucaliptos y hacía trenzas con las ramas y fingía el llanto para que yo dejara mi lectura y me acercara a ella.

Los goznes rechinan. El olor lo mata todo: dispersa los demás sentidos, toma asiento como un mogol amarillo en el trono de mi alucinación, pesado como un cofre, insinuante como el crujir de una seda drapeada, ornamentado como un cetro turco, opaco como una veta honda y perdida, brillante como una estrella muerta. Las manos me sueltan. Más que el llanto, es el temblor de los viejos lo que me rodea. Abro lentamente los ojos: dejo que el mareo líquido de mi córnea primero, en seguida la red de mis pestañas, descubran el aposento sofocado por esa enorme batalla de perfumes, de vahos y escarchas de pétalos casi encarnados, tal es la presencia de las flores que aquí, sin duda, poseen una piel viviente: dulzura del jaramago, náusea del ásaro, tumba del nardo, templo de la gardenia: la pequeña recámara sin ventanas, iluminada por las uñas incandescentes de los pesados cirios chisporroteantes, introduce su rastro de cera y flores húmedas hasta el centro del plexo y sólo de allí, del sol de la vida, es posible revivir para contemplar, detrás de los cirios y entre las flores dispersas, el cúmulo de juguetes usados, los aros de colores y los globos arrugados, sin aire, viejas ciruelas transparentes; los caballos de madera con las crines destrozadas, los patines del diablo, las muñecas despelucadas y ciegas, los osos vaciados de serrín, los patos de hule perforado, los perros devorados por la polilla, las cuerdas de saltar roldas, los jarrones de vidrio repletos de dulces secos, los zapatitos gastados, el triciclo -¿tres ruedas?; no; dos; y no de bicicleta; dos ruedas paralelas, abajo-, los zapatitos de cuero y estambre; y al frente, al alcance de mi mano, el pequeño féretro levantado sobre cajones azules decorados con flores de papel, esta vez flores de la vida, claveles y girasoles, amapolas y tulipanes, pero como aquéllas, las de la muerte, parte de un asativo que cocía todos los elementos de este invernadero funeral en el que reposa, dentro del féretro plateado y entre las sábanas de seda negra y junto al acolchado de raso blanco, ese rostro inmóvil y sereno, enmarcado por una cofia de encaje, dibujado con tintes de color de rosa: cejas que el más leve pincel trazó, párpados cerrados, pestañas reales, gruesas, que arrojan una sombra tenue sobre las mejillas tan saludables como en los días del parque. Labios serios, rojos, casi en el puchero de Amilamia cuando fingía un enojo para que yo me acercara a jugar. Manos unidas sobre el pecho. Una camándula, idéntica a la de la madre, estrangulando ese cuello de pasta. Mortaja blanca y pequeña del cuerpo impúber, limpio, dócil.

Los viejos se han hincado, sollozando.

Yo alargo la mano y rozo con los dedos el rostro de porcelana de mi amiga. Siento el frío de esas facciones dibujadas, de la muñeca-reina que preside los fastos de esta cámara real de la muerte. Porcelana, pasta y algodón. Amilamia no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo.

Aparto los dedos del falso cadáver. Mis huellas digitales quedan sobre la tez de la muñeca.

Y la náusea se insinúa en mi estómago, depósito del humo de los cirios y la peste del ásaro en el cuarto encerrado. Doy la espalda al túmulo de Amilamia. La mano de la señora toca mi brazo. Sus ojos desorbitados no hacen temblar la voz apagada:

-No vuelva, señor. Si de veras la quiso, no vuelva más.

Toco la mano de la madre de Amilamia, veo con los ojos mareados la cabeza del viejo, hundida entre sus rodillas, y salgo del aposento a la escalera, a la sala, al patio, a la calle.


V

Si no un año, sí han pasado nueve o diez meses. La memoria de aquella idolatría ha dejado de espantarme. He perdido el olor de las flores y la imagen de la muñeca helada. La verdadera Amilamia ya regresó a mi recuerdo y me he sentido, si no contento, sano otra vez: el parque, la niña viva, mis horas de lectura adolescente, han vencido a los espectros de un culto enfermo. La imagen de la vida es más poderosa que la otra. Me digo que viviré para siempre con mi verdadera Amilamia, vencedora de la caricatura de la muerte. Y un día me atrevo a repasar aquel cuaderno de hojas cuadriculadas donde apunté los datos falsos del avalúo. Y de sus páginas, otra vez, cae la tarjeta de Amilamia con su terrible caligrafía infantil y su plano para ir del parque a la casa. Sonrío al recogerla. Muerdo uno de los bordes, pensando que los pobres viejos, a pesar de todo, aceptarían este regalo.

Me pongo el saco y me anudo la corbata, chiflando. ¿Por qué no visitarlos y ofrecerles ese papel con la letra de la niña?

Me acerco corriendo a la casa de un piso. La lluvia comienza a caer en gotones aislados que hacen surgir de la tierra, con una inmediatez mágica, ese olor de bendición mojada que parece remover los humus y precipitar las fermentaciones de todo lo que existe con una raíz en el polvo.

Toco el timbre. El aguacero arrecia e insisto. Una voz chillona grita: ¡Voy!, y espero que la figura de la madre, con su eterno rosario, me reciba. Me levanto las solapas del saco. También mi ropa, mi cuerpo, transforman su olor al contacto con la lluvia. La puerta se abre.

-¿Qué quiere usted? ¡Qué bueno que vino!

Sobre la silla de ruedas, esa muchacha contrahecha detiene una mano sobre la perilla y me sonríe con una mueca inasible. La joroba del pecho convierte el vestido en una cortina del cuerpo: un trapo blanco al que, sin embargo, da un aire de coquetería el delantal de cuadros azules. La pequeña mujer extrae de la bolsa del delantal una cajetilla de cigarros y enciende uno con rapidez, manchando el cabo con los labios pintados de color naranja. El humo le hace guiñar los hermosos ojos grises. Se arregla el pelo cobrizo, apajado, peinado a la permanente, sin dejar de mirarme con un aire inquisitivo y desolado, pero también anhelante, ahora miedoso.

-No, Carlos. Vete. No vuelvas más.

Y desde la casa escucho, al mismo tiempo, el resuello tipludo del viejo, cada vez más cerca:

-¿Dónde estás? ¿No sabes que no debes contestar las llamadas? ¡Regresa! ¡Engendro del demonio! ¿Quieres que te azote otra vez?

Y el agua de la lluvia me escurre por la frente, por las mejillas, por la boca, y las pequeñas manos asustadas dejan caer sobre las losas húmedas la revista de historietas.

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